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Monday, January 18, 2010

EL CARDENAL DIJO QUE MIGUEL HIDALGO FUE EXCOMULGADO POR VIOLAR MONJITAS

Juan Zandoval Iniguez mostro su incapacidad para responder a la periodista de Televisa sobre la excomunión de Miguel Hidalgo y Costilla, y además declaro que no lo habían excomulgado por haberse levantado en armas en contra del gobierno clerical, sino por "Violar y ultrajar monjas" entonces podemos decir que Juan Sandoval si acepta que fue excomulgado "El Padre de la Patria".

Wednesday, January 6, 2010

MIGUEL HIDALGO MURIO EXCOMULGADO

Miguel Hidalgo y Costilla, el “Padre de la Patria”, murió excomulgado por la Iglesia católica

El pasado 30 de agosto, el arzobispado de México dio a conocer su postura en torno a la excomunión y degradación de los curas Miguel Hidalgo, “Padre de la Patria”, y José María Morelos, “Siervo de la Nación”, respectivamente, en el contexto de los festejos del Bicentenario de la Independencia a celebrarse este año.

El sacerdote Gustavo Watson, director del archivo histórico del arzobispado, declaró que los próceres de la Independencia “no murieron excomulgados, sino en condición de sacerdotes, y por lo mismo es necesario hacer en los libros de historia las correcciones del caso” (La Crónica, 31 de agosto de 2009).

En su obstinación por limpiar su pasado, la jerarquía católica pretende reescribir la historia de México recurriendo a la tergiversación de los hechos; procura deslindarse del juicio de la historia, cuando fue la Iglesia católica quien se opuso y combatió al movimiento de Independencia: condenó a los insurgentes, aplicó juicio inquisitorial a los sacerdotes que simpatizaban con aquéllos, celebró misas con Te Deum las victorias de los realistas y negó la absolución a quienes comulgaban con las ideas de libertad.

Excomuniones de Hidalgo

La jerarquía católica afirma que la excomunión decretada por Manuel Abad y Queipo en 1810 no fue válida, bajo el argumento de que éste era obispo electo de Valladolid, Michoacán, sin la correspondiente consagración episcopal.

Al hablar de la excomunión de Hidalgo, es obligado remitirse a un “conjunto de edictos de excomunión”. No es correcto hablar de uno –como pretende la jerarquía católica– cuando están documentados por lo menos seis, de diferentes obispos, en donde sistemáticamente se descalifica al “Padre de la Patria”; se agregan a aquéllos, el juicio inquisitorial y la degradación sacerdotal de la que fue objeto.

Manuel Abad y Queipo publicó, el 24 de septiembre de 1810, un edicto en el que excomulgaba al Cura de Dolores y a sus partidarios:

“Un sacerdote de Jesucristo […] el Cura de Dolores don Miguel Hidalgo, levantó el estandarte de la rebelión y encendió la tea de la discordia y la anarquía, y seduciendo a una porción de labradores inocentes, les hizo tomar las armas…

En este concepto, y usando de la autoridad que ejerzo como Obispo electo y Gobernador de esta Mitra, declaro que el referido D. Miguel Hidalgo, Cura de Dolores y sus secuaces […] son perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos y perjuros, y que han incurrido en la excomunión mayor del canon* Siquis Suadente Diabolo […] Los declaro excomulgados vitandos, prohibiendo, como prohíbo, el que ninguno les dé socorro, auxilio y favor, bajo pena de excomunión mayor ipso facto incurrenda”.[1]

La anterior excomunión fue ratificada por otros obispos, entre ellos el arzobispo de México, Francisco Javier Lizana y Beaumont. Como hubo quien pusiera en tela de juicio la legitimidad de Abad y Queipo, por haber sido nombrado por la Regencia,[2] el arzobispo Lizana expidió un edicto el 11 de octubre de 1810 en el que declara que la censura del obispo electo era válida e impuesta conforme a los cánones:

“Nos, D. Francisco Javier de Lizana y Beaumont, arzobispo de México […] Habiendo llegado a nuestra noticia que varias personas de esta ciudad de México y otras poblaciones del arzobispado disputan y por ignorancia o malicia han llegado a afirmar no ser válida ni dimanar de autoridad legítima la declaración de haber incurrido en excomunión las personas respectivamente nombradas e indicadas en el Edicto que con fecha de 24 de septiembre último expidió y mandó publicar D. Manuel Abad y Queipo […] por lo cual hacemos saber que dicha declaración está hecha por un superior legítimo con entero arreglo a derecho, y que los fieles cristianos están obligados […] bajo pena de pecado mortal y de quedar excomulgados, a la observancia de lo que la misma declaración previene, la cual hacemos también Nos por lo respectivo al territorio de nuestra jurisdicción […]. Mandamos por el presente Edicto, bajo pena de excomunión mayor ipso facto incurrenda, que no se dispute la mencionada declaración de excomunión hecha y publicada por el obispo electo”. [3]

En este tenor, el jesuita José Gutiérrez Casillas, en su obra Historia de la Iglesia en México ─que cuenta con las debidas licencias eclesiásticas─ aporta un dato concluyente: “Abad y Queipo fue ciertamente dispensado de la irregularidad de su nacimiento, pues era hijo natural. Además la elección como obispo fue válida y legítima”. [4]

El arzobispo de México, días antes de la citada ratificación, había dirigido una exhortación a los habitantes de su diócesis, el 28 de septiembre de 1810, en la que les prohibía “que se unieran a la revolución”,[5] asemejando a Hidalgo con el anticristo:

“Al frente de los insurgentes se halla un ministro de Satanás, preconizando el odio y exterminio de sus hermanos y la insubordinación al poder legítimo. Mirad qué precursor del anticristo se ha aparecido en nuestra América para perdernos […] Yo no puedo menos de manifestaros que semejante proyecto no es ni puede ser de quien se llama cristiano […] Si el observar lo que él mismo nos manda os conducirá al cielo, el practicar lo contrario [luchar por la Independencia] os llevará infaliblemente al infierno”.[6]

Los obispos de Guadalajara, Antequera (Oaxaca) y Puebla, siguiendo el ejemplo del arzobispo Lizana, expidieron sus propios edictos de excomunión.

El obispo de Guadalajara, Juan Ruiz y Cabañas, en su edicto del 24 de octubre de 1810, escribió: “…adoptamos y vibramos la misma censura [excomunión] que fulminó el obispo de Valladolid…”.[7] En otra exhortación episcopal, dicho prelado etiquetaba a los insurgentes de “apóstatas, cismáticos, perjuros, sediciosos, seductores y opositores a Dios, la Iglesia y la religión”..[8]

Los obispos Antonio Bergosa y Manuel González del Campillo, de Antequera y Puebla, respectivamente, dictaron sendas excomuniones al interior de sus diócesis.[9] En lo sucesivo, otros documentos episcopales condenaron a los insurgentes, a quienes acusaron de herejes, ladrones, ignorantes, sacrílegos y otros tantos calificativos. Vieron a la insurgencia como una “enfermedad”, y a los insurgentes como “cetáceos, animales mitológicos y encarnaciones de Satanás”.[10]


Manuel López Gallo, en su libro Economía y Política en la historia de México, transcribe una de las “excomuniones”:

“…Que el Padre que creó el hombre le maldiga; que el Hijo que sufrió por nosotros le maldiga; que el Espíritu Santo que se derrama en el bautismo le maldiga; que la Santa Cruz de la cual descendió Cristo triunfante sobre sus enemigos le maldiga; que María Santísima, Virgen siempre y Madre de Dios, le maldiga […] Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en dondequiera que esté, ya sea en la casa, en el campo, en el bosque, en el agua o en la Iglesia. Sea maldito en vida y muerte. Sea maldito en todas las facultades de su cuerpo. Sea maldito comiendo y bebiendo, hambriento, sediento, ayunando, durmiendo, sentado, parado, trabajando o descansando y sangrando. Sea maldito interior y exteriormente; sea maldito en su pelo, sea maldito en su cerebro y en sus vértebras, en sus sienes, en sus mejillas, en sus mandíbulas, en su nariz, en sus dientes y muelas, en sus hombros, en sus manos y en sus dedos. Sea condenado en su boca, en su pecho, en su corazón, en sus entrañas y hasta en su mismo estómago. Sea maldito en sus riñones, en sus ingles, en sus muslos, en sus genitales, en sus caderas, en sus piernas, sus pies y uñas. Sea maldito en todas sus coyunturas y articulaciones de todos sus miembros; desde la corona de su cabeza hasta la planta de sus pies, no tenga un punto bueno. Que el Hijo de Dios viviente con toda su majestad, le maldiga, y que los cielos de todos los poderes que los mueven, se levanten contra él, le maldigan y le condenen, a menos que se arrepienta y haga penitencia. Amén, así sea, Amén”.[11]

El juicio inquisitorial de Hidalgo

El Tribunal de la Inquisición presentó 53 cargos contra Hidalgo, [12] excepto la acusación de concubinato ─en el que incurría la mayor parte de sacerdotes, incluidos los miembros del propio tribunal─ atribuyéndole delitos de todo género “contra la fe”: “herético, apóstata, impío, materialista, deísta, libertino, insurgente, cismático, judaizante, luterano, calvinista, criminal, violador de las leyes divinas y humanas, sacrílego, implacable enemigo del cristianismo y del Estado…”.[13]

El 13 de octubre de 1810, la Inquisición excomulgó a Hidalgo,[14] acusándolo de “intenciones subversivas, malicia, depravación, avaricia, infamia, envidia, proclividad al crimen, animadversión, engaño y perfidia”.[15]

La persecución del tribunal del Santo Oficio hacia los próceres de la Independencia fue más allá de los citados edictos de excomunión; al caer los jefes insurgentes en sus manos, fueron sometidos con saña a denigrantes procesos, acusándoles de todos los males posibles y, por último, victimados, tras infligirles crueles torturas.

Degradación sacerdotal

El proceso degradatorio de Hidalgo se llevó a cabo el 29 de julio de 1811, en Chihuahua. El derecho canónico de la época prohibía, bajo pena de excomunión, privar de la vida a un eclesiástico, por lo que el alto clero tuvo que proceder a la degradación sacerdotal del “Padre de la Patria”. El doctoral de la Iglesia de Durango, Francisco Fernández Valentín, fue el responsable del acto en comento. Mientras le arrancaba la sotana y el alzacuello, pronunció las siguientes palabras:

“Por la autoridad de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo y la nuestra, te quitamos el hábito clerical, te desnudamos del adorno de la religión y te despojamos de todo orden, beneficio y privilegio […] y por ser indigno de la profesión eclesiástica, te devolvemos con ignominia al estado seglar”.[16]

Fernández Valentín raspó con un cuchillo la piel de la cabeza del reo, las palmas de sus manos, las yemas de sus dedos y cortó parte de su cabello, con el fin de “despojarle” del orden sacerdotal.

Hidalgo fue fusilado en Chihuahua, como generalísimo del ejército insurgente, el 30 de julio de 1811, después de haber sido degradado de sacerdote. El fusilamiento del “Padre de la Patria” fue celebrado el 10 de agosto de 1811 por el clero de México con Te Deum solemne.[17] Como la palabra “escarmiento” y “advertencia” estaban a la orden del día, los cuerpos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron decapitados, y las cabezas conducidas a la ciudad de Guanajuato, en donde fueron clavadas en garfios y colocadas en los cuatro ángulos de la Alhóndiga de Granaditas.[18]

La Institución religiosa que persiguió, juzgó y entregó a la muerte a Hidalgo y compañeros de lucha, con todo su poderío, reconoció la Independencia de México hasta 1836. Este es el pasado que la Iglesia católica quisiera que el pueblo de México olvidara.



Guadalajara, Jalisco, 04 de enero de 2010

Responsable de la publicación:

Iglesia La Luz del Mundo A. R.

Comunicación Social


* Los énfasis en negritas son nuestros.

[1] Gabriel Méndez Plancarte, Hidalgo: Reformador intelectual y libertador de esclavos, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, 1982, pp. 108-109.

[2] José Gutiérrez Casillas S. J., Historia de la Iglesia en México, Porrúa, México, 1974, p. 225.

[3] Antonio Pompa y Pompa, Procesos inquisitorial y militar seguidos a D. Miguel Hidalgo y Costilla, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, pp. 148-149.

[4] Gutiérrez, op. cit., p. 225.

[5] Ídem.

[6] Genaro García, “El clero de México y la guerra de Independencia”, en Documentos inéditos o muy raros para la historia de México, Biblioteca Porrúa n. 60, Porrúa, p. 386.

[7] Ídem, p. 114.

[8] Ana Carolina Ibarra, El Cabildo catedral de Antequera, Oaxaca y el movimiento insurgente, El Colegio de Michoacán, Zamora, 2000, p.214.

[9] Fernando Pérez Memen, El Episcopado y la Independencia de México, Jus, México, p. 81.

[10] Ibarra, op. cit., p. 214.

[11] Manuel López Gallo, Economía y política en la historia de México, Caballito, México, 1965, pp. 110-111.

[12] Jesús Amaya, El Padre Hidalgo y los suyos, Lumen, México, 1952, p.. 105.

[13] I. Grigulévich, La Iglesia católica y el movimiento de liberación en América Latina, Progreso, Moscú, 1984, p. 131.

[14] Claudia Sierra Campuzano, Historia de México a la luz de los especialistas, Esfinge, México, 2001, p. 145.

[15] Grigulévich, op. cit., p. 131.

[16] Luis Rodríguez Nájera, Las Leyes de México y la Iglesia católica romana, Guadalajara, 1968, pp. 28-30.

[17] Grigulévich, op. cit., p. 133.

[18] Ernesto Lemoine, “Nueva España a principios del Siglo XIX”, en Historia de México, Tomo VIII, Salvat, México, 1979, p. 1689.

Sunday, November 1, 2009

VIDEO: FUSILAMIENTO DE MIGUEL HIDALGO

Wednesday, October 28, 2009

El último descendiente del cura Hidalgo

www.jornada.unam.mx

Viernes 15 de septiembre de 2006

Víctor Vázquez Mendoza afirma que en su casa se hablaba poco del padre de la patria

Sobrevive en Guanajuato el último descendiente del cura Hidalgo

Enfermo y sin parientes, asegura que sigue siendo polémico hablar de que el prócer haya tenido hijos

En 1985 autoridades municipales entregaron un reconocimiento a la familia

MARTIN DIEGO RODRIGUEZ CORRESPONSAL














En la casa de Víctor Vázquez Mendoza hay un retrato que compara una foto de él con su antepasado, Miguel Hidalgo, el padre de la patria Foto: Martín Diego Rodríguez

Dolores Hidalgo, Gto., 14 de septiembre. Postrado en la cama en una casa de la calle Jalisco, frente al bullicio diario del mercado municipal en pleno centro de la ciudad, se encuentra el protagonista de una historia polémica que muchos conocen pero que pocos comentan. Es la historia de Víctor Vázquez Mendoza, último descendiente directo del padre de la patria don Miguel Hidalgo y Costilla.

Su madre fue tataranieta de una de las hijas del cura de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores que en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 declaró la guerra a la corona española. Por ello es que la historia se ha querido mantener casi en secreto.

Pero el 8 de mayo de 1985 en la hacienda Corralejo en Pénjamo, las autoridades municipales entregaron un reconocimiento a Rodrigo, Enedina, Mercedes, María Dolores, Germán, María Esther, Esperanza y Víctor Vázquez Mendoza en el que se admite que son los legítimos descendientes del prócer de la Independencia mexicana.

"Mi madre nos platicaba poco, de hecho yo sé lo mismo que todos del cura Hidalgo, no era muy común que por esos años se reconociera que un clérigo había procreado familia. Y menos aquí en el pueblo por la fama que se tenía del cura, era uno de los hombres más respetado, pero yo soy una muestra de que no lo fue tanto", señala el hombre que raya los 83 años y que es el último de los hermanos de los que ninguno optó por la vida familiar.

Los guías de turistas de la ciudad niegan el hecho. "No puede tener hijos un cura, es sólo que hay quien dice que es familiar del padre de la patria para hacerse de fama, pero los curas no tienen hijos", sostiene con un dejo de ingenuidad Marcelo Castro, quien cobra 50 pesos por una gira completa por los puntos donde se gestó la Independencia.

Pero hay otros que sostienen que sí, que la vida del sacerdote nacido en Pénjamo fue más allá de lo que se conoce en los libros de historia."El cura Don Miguel Hidalgo era un hombre extraordinario, un hombre de humanidad, es el héroe más grande de México y desgraciadamente es el más ilustre desconocido, no conocemos su vida de joven, no lo conocemos como estudiante, no lo conocemos como maestro, como rector, como secretario, como tesorero del colegio donde estudió, no lo conocemos como sacerdote, como teólogo, como filósofo, como soldado, como estadista, ni siquiera nos sabemos su nombre completo, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte, si le agregamos el apellido de su madre", dice el cronista vitalicio de la ciudad, Alberto Gloria.

Aunque él rechaza la existencia de la descendencia de Hidalgo, también precisa que "es un tema que debe tratarse con respeto y a nadie debe espantar que el padre Hidalgo haya tenido hijos".

Ese mismo desconocimiento de la vida personal de Miguel Hidalgo y Costilla ha llevado a no reconocer que fue él quien trajo de Europa las técnicas para alfarería, orfebrería, curtido de pieles, criaderos de gusanos de seda y la confección de rebozos en lo que actualmente se conoce como la zona del Bajío.

Vázquez Mendoza habla con dificultad pues el enfisema pulmonar provocado por los años de trabajo en una mina de metales preciosos en Guanajuato, de trabajar en la alfarería con el plomo que se utilizaba hace años para lustrar la entonces llamada Talavera de Dolores, menguaron su salud. Eso sí, en la mesa de dormir nunca falta "el periódico, un buen libro y mi vaso de tequila".

En su habitación el recorrido fotográfico por la historia familiar evita la relación con quien fuera el sacerdote de la parroquia de la comunidad a principios del siglo XIX. Un diario local, hace cuatro años, logró tomarle una fotografía que después se comparó con una pintura del cura, y es el único vestigio de la relación con su pariente.

"Mi madre se llamaba Juliana Mendoza, ella aseguraba ser tataranieta de una hija de Hidalgo, nunca nos dijeron más y nadie preguntamos nada. Por ahí, ya no sé dónde, ha de estar ropa que nos dejó mi madre, o no sé qué le pasó, ya ni me acuerdo", dice mientras esboza una sonrisa.

En la pared de su habitación hay documentos donde se puede leer, breve, la historia de don Víctor. Un diploma que recibió el 12 de enero de 1946 como piloto privado es parte de esa historia."Fuimos muy camineros, nos gustaba andar en todos lados, pero ya cuando uno se cansa, es tarde para tener familia", dice a modo de justificación del porqué no se casó, ni él ni sus hermanos ni sus hermanas.

Su vecina, María de León Gallegos, es quien se hace cargo del hombre; "primero es darle ayuda al señor porque vive solo aquí, siempre ha vivido solo, y también tenerlo es un orgullo porque es descendiente del cura Hidalgo, sus hermanas y sus hermanos nunca quisieron reconocer su sangre, quizá por las habladas de la gente, ¿cómo que son hijos de un cura y más del cura Hidalgo?, pero a él ya no le importa".

La última vez que los hermanos se vieron fue en 1985; aquella ocasión María Esther Vázquez Mendoza habló en nombre de toda su familia y, según se lee en un discurso que se guarda en la casa de la cultura del municipio, dijo "desde siempre conocemos nuestra descendencia de don Miguel Hidalgo y Costilla, ese gran hombre que inició el movimiento libertario para darnos patria. En este lugar (la ex hacienda Corralejo en Pénjamo) nació el hombre que nos llevó a la primera liberación del México independiente, gracias por el reconocimiento".

Militar frustrado

Vázquez Mendoza dice que su única pasión siempre fue el movimiento "libertario, quiero estar en un país libre. Quise incursionar en la milicia, pero no pude, no me gustó. Por eso me convertí en un errabundo, tomé muchas historias, que se quedaron sin escribir. Algún día se conocerá todo, aunque ya, yo en sí, soy parte de la historia que pocos cuentan, una historia que ocurrió y que no debe espantar porque, como hombre, el cura Hidalgo decidió declarar la guerra, como hombre vivió y como hombre murió".

La conversación concluye cuando don Víctor empieza a respira con mayor dificultad; es entonces cuando pide que lo dejemos descansar, aún así, se despide a través de la ventana del balcón donde ve las calles por donde pasó el primer ejército libertario conformado por 600 hombres la madrugada del 16 de septiembre de 1810, ejército que un día después sumaba ya mil 200 en Celaya, 30 mil en Acámbaro y 50 mil en Guanajuato para la toma de la Alhóndiga de Granaditas el 28 del mismo mes. Hoy por ahí sólo pasan camiones.

Tuesday, October 27, 2009

La Jornada: Invisibilizar la excomunión de Miguel Hidalgo

La Jornada: Invisibilizar la excomunión de Miguel Hidalgo

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Invisibilizar la excomunión de Miguel Hidalgo

Carlos Martínez García
Miércoles 9 de septiembre de 2009

La excomunión fue el último peldaño de un largo y cruento proceso estigmatizador. La jerarquía de la Iglesia católica novohispana trató con especial saña al sublevado Miguel Hidalgo y Costilla. Ahora, como hace dos años, la cúpula eclesiástica exige que la historia sea confeccionada a su gusto, porque, según el liderazgo clerical, Hidalgo y Morelos murieron reconciliados con la Iglesia que los excomulgó.

En 2007 la Cámara de Diputados crea una comision inútil y absurda. La conformaron para solicitar que la Iglesia católica levantara la pena de excomunión al padre Miguel Hidalgo y Costilla. Sin proponérselo –¿o si?–, la solicitud se prestó para lavar la cara a la institución que echó mano de todos sus poderes para declarar hereje a quien inició el movimiento de Independencia en México.

En aquel entonces y con rapidez Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, dio instrucciones para que súbitamente se forjara una Comisión Histórica de la Arquidiócesis de México para revisar los expedientes excomulgatorios que pesaron contra los sacerdotes Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón, entre otros que se enrolaron en la lucha independentista.

Fue entonces que el 18 de octubre de 2007, con inusitada celeridad, la tal comisión presentó sus conclusiones. Gustavo Watson (responsable de los archivos históricos de la Basílica de Guadalupe y de la arquidiócesis) sentenció: "No se conocía muy bien el dictamen del caso, o no hubo difusión muy grande, pero ahora es el tiempo [ojo: nada más se tardaron dos siglos para saber cuándo era el momento oportuno, CMG] de sacar todas estas cosas que ya han sido publicadas. Que Hidalgo sí fue excomulgado, pero se le levantó esa excomunión en el momento mismo que se confesó y se arrepintió, y eso lo podemos afirmar porque nosotros tenemos el dictamen".

Si Hidalgo se arrepintió entonces significa que, desde la óptica excomulgatoria, la descalificación que de sus ideales y lucha independentistas hizo la Iglesia católica fue correcta. Porque el arrepentido, lógica clerical dixit, fue Hidalgo, no la casta sacerdotal que le impuso el castigo. Lo cual significa que todas y cada una de las acusaciones vertidas con saña en contra de él siguen vigentes. Elemental, mi querido (Gustavo) Watson, diría Sherlock Holmes.

No está de más recordar que Miguel Hidalgo padeció tanto un proceso militar como uno inquisitorial. Fue acusado de enemigo del régimen político y juzgado como hereje por la Iglesia católica romana. A los malabares interpretativos de Watson y el vocero de la arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, quien hace pocos días solicitó que en los libros de texto se diga que Hidalgo murió en el seno de la Iglesia católica, solamente hay que poner enfrente la abundante documentación que demuestra la persecución que desató la jerarquía católica de la época contra el insurrecto mayor, Miguel Hidalgo y Costilla.

El conglomerado político/religioso de la Nueva España desató toda su maquinaria para darle una condena ejemplar al cura que en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 convocó al levantamiento del pueblo.

Pocas semanas después del llamado popular hecho por Hidalgo, la Inquisición cita al rebelde para que comparezca ante ella. En un edicto, que fue mandado fijar en las iglesias, se le considera depravado, desviado doctrinalmente, fornicario, soberbio, libertino, infiel, hipócrita, inicuo, enemigo de Dios, monstruo, apóstata, padrote ("hicisteis pacto con vuestra manceba de que os buscase mujeres para fornicar, y que para lo mismo le buscaríais a ella hombres") y, ¡horror!, luterano: "Adoptáis la doctrina de Lutero en orden a la divina Eucaristía, y confesión auricular, negando la autenticidad de la Epístola de San Pablo a los de Corinto, y asegurando que la doctrina del Evangelio de este sacramento está mal entendida, en cuanto a que creemos la existencia de Jesucristo en él". Es decir, según sus juzgadores, Hidalgo no creía en la transustanciación, no compartía que en la comunión estuviese realmente la sangre y el cuerpo de Cristo.

Hidalgo compareció ante la Inquisición después de que fue apresado (21 de marzo de 1811). A varios de sus compañeros civiles de insurrección los fusilaron antes que a él.

La condición sacerdotal de Miguel Hidalgo y Costilla hizo necesario, para poder enviarlo al paredón, que primero se le retiraran los hábitos clericales. Esto lo hizo con mucho gusto la Inquisición, que lo excomulgó y puso en manos de la justicia civil, justicia que a su vez estaba supeditada a las autoridades eclesiásticas. Previa excomunión, Hidalgo fue enviado a las mazmorras, de las que era sacado nada más para hacerlo comparecer ante sus jueces eclesiásticos, los que le sometieron a jornadas infamantes.

Antes de su fusilamiento (a las siete de la mañana del 30 de julio de 1811), le fue leída la pena de excomunión, algunas fuentes dicen que fue emitida por el propio papa Pío VII, y uno de cuyos fragmentos dice: “Lo excomulgamos, lo anatematizamos y lo secuestramos de los umbrales de la Iglesia del Dios omnipotente para que pueda ser atormentado por eternos y tremendos sufrimientos, juntamente con Datán y Avirán… Que el hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga, y que el cielo con todos los poderes que hay en él se subleven contra él, lo maldigan y lo condenen. ¡Así sea! Amén”.

Después de la ejecución su cuerpo fue exhibido en la plaza pública; por la tarde cercenaron la cabeza del cuerpo, la pusieron en una caja con sal, y la enviaron para que fuera colgada, junto con las de Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, en la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato.

Sus inquisidores obligaron al padre Hidalgo a estampar su firma en una retractación de sus errores. Ésa es la base que hoy usan Gustavo Watson y Hugo Valdemar para asegurar que el reo murió reconciliado con la Iglesia. La abjuración le fue arrancada mediante torturas y anatemas.

Sunday, October 25, 2009

"LA IGLESIA CATOLICA ESTUBO CONTRA LA INDEPENDENCIA"

La Iglesia vive de privilegios, reviran diputados

Por Tomado de internet / El Sol de México

Día de publicación: 2009-09-29

Ciudad de México.- El secretario de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Gerardo Fernández Noroña, aseveró que la Iglesia católica siempre ha defendido a los "poderosos", lo que le ha permitido sobrevivir con la simulación, la hipocresía, los privilegios y las canonjías.

A su vez, el diputado priísta Fernando Morales Martínez, demandó a la alta jerarquía religiosa de México respetar la Constitución y no meterse en política. Y le exigió "que no se equivoque criticando los Poderes de la Unión".

Entrevistado por separado, Gerardo Fernández Noroña recalcó que la Iglesia en México responde a intereses de un Estado extranjero como es el Vaticano, a donde envía carretadas de recursos económicos y en nuestro país todavía se le premia exentándola del pago de impuestos.

Destacó que el cardenal Norberto Rivera Carrera, responsable del semanario "Desde la Mala Fe", viaja permanentemente escoltado por dos motocicletas que le abren camino como si fuera Jefe de Estado, no paga impuestos, no dice cuál es su salario, tiene médico privado, canonjías y privilegios de los que carece la mayoría de la población.

El diputado federal del PT destacó que la jerarquía católica "siempre ha defendido a los poderosos, la Iglesia estuvo en contra de la Independencia a tal grado que están excomulgados Miguel Hidalgo y Costilla, y José María Morelos y Pavón; también la grey católica estuvo en contra de la República y del gobierno de Juárez, y a favor de la intervención francesa; estuvo en contra de la revolución y a favor del gobierno de Porfirio Díaz; confrontó al Gobierno de Victoriano Huerta; y ha estado a favor de Carlos Salinas, de Vicente Fox y de Felipe Calderón.

"Han estado a favor de los poderosos, porque la alta jerarquía religiosa siempre ha estado en contra de los intereses del pueblo. Está en la historia del país y no lo estamos inventando, además de que envía cantidades enormes de dinero al Vaticano.

"La Iglesia lo único que demuestra es lo que ha hecho a lo largo de la historia del nuestro país, una vez más estar del lado de los 'ricos', porque lo que censura es la crítica de la oposición al gobierno usurpador y no la miseria en que se tiene al grueso de la población. No les he oído una sola crítica a la injusticia social que vive el país, a la República simulada en que vivimos y en cambio ellos sí son beneficiarios de privilegios''.

La simulación, hipocresía y privilegios deberían desaparecer, porque además luego les contestan y en la Iglesia Católica comienzan a "lloriquear" que se les respete. Quieren actuar en política, quieren meterse en política pero no quieren que se les trate como actores políticos, dijo Fernández Noroña.

Destacó que la Secretaría de Gobernación ignora cualquier queja y no interviene para poner en su lugar y exigir a los jerarcas católicos que respeten el marco constitucional establecido. Se les olvida que vivimos en un estado laico y cada vez estamos peor.

"El semanario 'Desde la Mala Fe', porque así debería llamarse, viola la ley al meter a la Iglesia Católica en asuntos políticos, pues tienen prohibida la intromisión, porque son representantes de un Estado extranjero que es el Vaticano; se olvidan que vivimos en un Estado laico y por tanto ellos se tienen que dedicar a lo espiritual, si es que existe, y a nosotros nos tocan todas las cosas en materia política", argumentó Fernández Noroña.

Por su parte, el priísta Fernando Morales Martínez destacó que los religiosos tienen derecho a opinar y expresarse mientras se mantengan al margen como instituciones u organizaciones y sus declaraciones sean a título personal, pero en este momento la crítica no ayuda; lo que deben hacer es solidarizarse con la gente que menos tiene.

Le recomendó a los representantes católicos tener más cuidado con sus declaraciones y, más que criticar, ser solidarios para salir de la crisis económica lo más pronto posible. "Las iglesias no pagan impuestos, están exentas y deberían levantar la mano para apoyar al más pobre", refrendó el priísta.

Al responder a las críticas, lanzadas por la Arquidiócesis de México, de que el Congreso de la Unión pone trabas al desarrollo del país, Morales Martínez dijo que hoy todos deben poner. "Las iglesias debería aportar recursos para que el país y sobre todo los más pobres, salgan adelante".

Por último, el perredista Agustín Guerrero dijo que ante los pobres resultados del Gobierno de Felipe Calderón en materia económica, desarrollo social y seguridad pública, no podrían esperarse "aplausos"; sin embargo, pidió a la jerarquía católica respeto a las leyes.

LA EXCOMUNION DE HIDALGO en WWW.EXPRESOCHIAPAS.COM

La excomunión

Eduardo González Silva
Viernes, 09 de Octubre de 2009 03:10

A un año del bicentenario de la Independencia, la Iglesia católica trata de limpiar su conciencia y se esfuerza por hacer creer que los curas y padres de la patria don Miguel Hidalgo y Costilla y don José María Morelos y Pavón, no murieron excomulgados.
Recientemente ha aparecido un sacerdote Gustavo Watson Marrón, que dice ser el director del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de México y de la Basílica de Guadalupe, quien pretende ejercer presión ahora que está en el poder el Partido Acción Nacional, para que la Secretaría de Educación Pública, modifique el contenido de los textos en los que se apunta que los sacerdotes Hidalgo y Morelos murieron excomulgados.
Con el uso de argumentos retorcidos, Watson Marrón refiere que los padres de la patria murieron dentro de la Iglesia y en plena comunión con ella, “habiendo honrado a la Iglesia católica con la consumación de la Independencia, por lo que no hay razón para pedir que se les levante la excomunión”.
Una Iglesia con un oscuro historial que con el paso de dos siglos escondió un acontecimiento que mejor le debería apenar y pedir disculpas al pueblo de México, por haber ofendido la dignidad de los próceres que le dieron patria y libertad, luego de la existencia de un esplendoroso Imperio conquistado a sangre y fuego.
Hoy esa Iglesia se hace la sorprendida y la ofendida, toda vez que en vísperas de los festejos del bicentenario por medio del vocero de la arquidiócesis el controvertido Hugo Valdemar, lamenta que el Congreso de la Unión los hizo a un lado de la Comisión Oficial de la celebración de los 200 años de la independencia.
Pero en qué podría participar esa sacrosanta institución al lado de los mexicanos que por los siglos de los siglos han sido engañados, a los que se les ha arrancado su fe espiritual imbuido por el miedo al que siempre se le ha inculcado tener, un pueblo más que educado aleccionado para el conformismo pleno a la mediocridad absoluta, que cultiva la traición eso sí como religión antes de que aparezca en él ese espíritu libertario de Hidalgo, Morelos o Juárez.
El clero al pedir a la SEP que corrija el contenido de los libros de texto se escuda en señalar que su petición se basa en una “lúcida, rigurosa y paciente investigación”, con lo que así puede decir “misa” y establecer que nuestros padres de la patria no fueron condenados por el simple hecho de haberse levantado en armas en contra de la esclavitud y de un imperio confesional al que sólo le intereso obtener la mayor riqueza material encontrada por el conquistador en el continente americano.
Una institución que humilló a Hidalgo y a Morelos, a quienes sus hábitos fueron arrancados públicamente, antes de pasar a las jamás, que jamás reconoció al movimiento independentista, que al momento de la victoria libertaria escondió bajo sus sotanas a los explotadores españoles.
Pero en cada momento están presentes los timoratos, los que responden con una genuflexión al mandato divino del poder terrenal clerical, ya que ni tardo ni perezoso el actual titular de la SEP ha respondido que se analizará la posibilidad de revisar el contenido de los libros de texto, tal como es el deseo de la jerarquía católica de nuestro país.
Extraña postura del clero mexicano, que exige una corrección en los libros de texto gratuito, que mejor debiera desterrar el prejuicio de los vencedores y los vencidos, de los buenos y de los malos, de santos y diablos, y de estar mejor preocupada en cerrar ancestrales heridas.
Una Iglesia que debiera permanecer en estos instantes al lado del pueblo al que se la ha saqueado de su riqueza, sumido por años en la ignorancia y al que le convirtieron su fe en fanatismo.
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